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Psicoterapia en adolescentes
En la UNIDAD DE PSICOLOGIA APLICADA, respaldamos de forma personalizada los conflictos tanto sociales como familiares, distorsiones y cambios psicológicos que un ADOLESCENTE dentro de esta ETAPA NECESARIA puede presentar. Para él o ella se ha diseñado el programa de 8 sesiones individuales adaptadas a cualquier tema específico, recorriendo la violencia y agresividad, identidad sexual, conductas oposicionistas desafiantes, promiscuidad, consumo de sustancias, depresión, ansiedad, desmotivación escolar, incluso abarcando la orientación vocacional, todos los conflictos siendo abordados de la forma mas directa y mas humana posible.
Sabemos y conocemos los conflictos que hoy en día se presentan con extraña frecuencia en el entorno de un adolescente, la violencia y la agresividad en las escuelas, las sustancias ilegales en la sociedad en que se desenvuelve, la promiscuidad y la común falta de orientación sexual son enemigos directos que pueden ser bien focalizados para el sano desarrollo psicológico del adolescente.

Programa psicoterapéutico "Comprensión, Valoración y Canalización del talento del joven estudiante"
Sabemos que educar, formar y establecer límites a los jóvenes no es algo sencillo y quienes están al frente de tal responsabilidad siempre agradecen el apoyo de especialistas entrenados para canalizar las energías naturales de jóvenes activos e inteligentes. LA UNIDAD DE PSICOLOGÍA APLICADA ofrece en este momento una propuesta para tal fin, se refiere al proyecto de "COMPRENSIÓN, VALORACIÓN Y CANALIZACIÓN DEL TALENTO DEL JOVEN ESTUDIANTE".
Para evaluar los requerimientos de tal proyecto en el joven, lo primordial es proceder a la aplicación de una encuesta que genera resultados en dieciséis (16) factores de personalidad, los cuales podrán ser estudiados y analizados por la institución en conjunto con la UNIDAD DE PSICOLOGIA APLICADA. Los jóvenes además podrán verificar sus resultados y así lograr identificar tendencias de sus rasgos de personalidad que lo ayudaran a conocerse mejor a si mismos. De este modo se descartan a aquellos jóvenes que no reúnan las características o que no ameriten la aplicación de dicho proyecto.
Luego de que los jóvenes sean seleccionados y se tengan claros los objetivos se iniciara entonces con el plan que incluye 16 sesiones psicoterapéuticas, distribuidas para su mayor efectividad en: Ocho (8) horas de sesiones individuales frente al especialista y una sesión grupal de ocho (8) horas, en la que se abordan temas de importancia abarcando desde la identidad hasta la sexualidad, tomando en cuenta los potenciales y las destrezas individuales.
Dada la experiencia que la UNIDAD DE PSICOLOGÍA APLICADA ha experimentado con el trabajo con instituciones, padres, y representantes la sugerencia es la siguiente:
1.- Se aplicarà la prueba de Personalidad de 16pF Catell. Individual o grupal a los estudiantes
2.- Se procederá a corregir y elaborar los reportes
3.- Asignar un espacio (fecha y hora), no menor de 30 minutos con los padres y representantes, donde en forma de charla se ofrecerá la información sobre la prueba de Personalidad y se resaltarán los objetivos y su importancia. (Esta charla no tendrá costo alguno para la institución ni para los padres y representantes).
4.- Cada padre y representante juzgara la relevancia que el proyecto tenga para su hijo o representado.
5.- LA UNIDAD DE PSICOLOGÍA APLICADA fijara fechas de consultas y días de taller con cada padre o representante.
Así mismo se acordará con la institución el día del cual dispone para la prueba colectiva y para la charla, de modo que la UNIDAD DE PSICOLOGÍA APLICADA ajuste su agenda para la asistencia de la misma.

¿Que es una prueba de 16 pf de Catell?
El 16PF es una prueba estructurada comúnmente utilizada y favorecida, por diversos investigadores alrededor del mundo, como instrumento para la medida y comprensión de la personalidad. Es el resultado de más de cuarenta años de investigación empírica por el psicólogo Raymond B. Cattell, quien redujo 4504 rasgos de personalidad a 16 rasgos básicos, mediante análisis factorial. La prueba se basa en la medida independiente de varios factores psicológicos. Ha sido debidamente validada y revisada, y al presente existen varias formas (A, B, C, D & E) que facilitan la aplicabilidad de la prueba a los diferentes intereses específicos de investigación.
El 16PF mide 16 factores básicos que están identificados de la siguiente manera: A, B, C, E, F, G, H, I, L, M, N, O, Q1, Q2, Q3, & Q4; y cinco factores de segundo orden. Estos factores están ordenados de acuerdo a su repercusión sobre la conducta en general, siendo el Factor A el de mayor influencia. La interpretación de los factores se basa en cuán alta (8, 9 ó 10) o baja (1, 2 ó 3) es la puntuación obtenida para cada uno de éstos. Por esta razón es que se habla de que una persona sea, por ejemplo, A+ o A-; y así sucesivamente con los demás factores. No obstante, no todas las personas son uno o el otro, sino que caen en algún punto del contínuo entre estos dos polos (+ & -). A continuación ofrecemos una descripción de cada uno de estos factores para facilitar la comprensión de lo que se está explorando con la prueba y de la calidad del perfil que puede obtenerse con su administración.
Factores básicos:
El Factor A mide el carácter gregario del individuo; el grado en que la persona busca establecer contacto con otras personas porque encuentra satisfactorio y gratificante el relacionarse con éstas. Las personas que obtienen puntuaciones altas (A+) tienen una mayor disposición hacia el afecto, tienden a ser más cariñosos, expresivos, dispuestos a cooperar, generosos, activos, y no temen a las críticas que puedan hacerse de su persona. Los A+ prefieren los proyectos grupales en vez de la competencia a nivel individual, y disfrutan de empleos que enfatizan la interacción social como las ventas, el trabajo social o la enseñanza. Los A- tienden a ser más reservados, formales, impersonales y escépticos. Prefieren trabajar solos y son rígidos y precisos al hacer sus cosas; pueden ser, en ocasiones, altamente críticos y rudos.
El Factor B mide inteligencia en base al predominio del pensamiento abstracto o del pensamiento concreto; considerando el predominio del abstracto como característico de una persona de inteligencia mayor y el concreto como indicador de una inteligencia menor. Una persona con puntuaciones altas (B+) demuestra tener un pensamiento abstracto y se le percibe como muy inteligente. Puede captar, analizar y comprender rápidamente y con facilidad las ideas o conceptos que se le presenten; y tienden a ser muy alertas. Los que obtienen puntuaciones bajas (B-) tienden a interpretar la mayoría de las cosas de manera literal y concreta. Tienen dificultades para comprender conceptos y para el aprendizaje en general. Se les describe como lentos al reaccionar y de baja inteligencia.
El Factor C está relacionado a la estabilidad emocional de la persona y a la manera en que se adapta al ambiente que le rodea; determina específicamente la fortaleza de ego. Puntuaciones altas (C+) son características de personas realistas y estables emocionalmente. Se les considera maduros, con una alta fortaleza de ego; y se les adjudica una capacidad para mantener sólida la moral de un grupo. Los que obtienen puntuaciones bajas (C-) son por lo general personas que se frustran rápidamente bajo condiciones no-satisfactorias, tienden a evadir la realidad y tienen una fortaleza de ego muy baja.
Estas personas se ven afectadas fácilmente por los sentimientos, son neuróticos, la mayor parte del tiempo se encuentran insatisfechos; y tienden a padecer de fobias, dificultades al dormir y problemas de tipo psicosomático.
El Factor E mide el grado de control que tiende a poseer la persona en sus relaciones con otros seres humanos; se determina en términos de si es dominante o es sumiso. Puntuaciones altas (E+) indican que la persona es muy dominante. A este tipo de persona le resulta muy agradable y atractivo el estar en posiciones de poder para controlar y criticar a otros. Son agresivos, competitivos, tercos, asertivos y muy seguros de sí mismos. Tienden a ser muy autoritarios con otros y no se someten a la autoridad. Las personas que obtienen puntuaciones bajas (E-) tienden a ser sumisos, humildes y dóciles. Se dejan llevar fácilmente por otros, son conformistas, pasivos y considerados. Debido a que les interesa evitar los conflictos en sus relaciones interpersonales, se esfuerzan en complacer y en ganarse la aprobación de los demás.
El Factor F está relacionado al nivel de entusiasmo evidente en contextos sociales. Las personas con puntuaciones altas (F+) tienden a ser altamente entusiastas, espontáneas, expresivas y alegres. Estos individuos son muy francos, impulsivos y mercuriales. Con frecuencia salen electos como líderes. Puntuaciones bajas (F-) son características de personas más sobrias, prudentes, serias y taciturnas. Estas personas son introspectivas, restringidas y, por lo general, pesimistas.
El Factor G mide la internalización de los valores morales; estructuralmente se explora el superego según descrito por Freud. Altas puntuaciones en este factor (G+) son representativas de personas altamente moralistas, conformistas, responsables y concienzudas que tienden a actuar siempre de acuerdo a las reglas. Los que obtienen puntuaciones bajas (G-) son personas que no se comportan de acuerdo a las reglas, ni se someten por completo a las normas de la sociedad o de su cultura. Su necesidad de logro se percibe como baja o ninguna, pero esto no implica que no sean productivos. El que la persona salga bajo (G-) en este factor no indica que ésta no experimente la presencia de su superego como una fuerza o agencia interna de control; sino que responde a una serie de valores distintos a los que establece la sociedad.
El Factor H mide la reactividad del sistema nervioso en base a la tendencia en la persona de un dominio parasimpático o simpático. En las personas que obtienen puntuaciones altas en este factor (H+) resulta dominante el sistema parasimpático. Estas personas son capaces de funcionar bajo altos niveles de estrés, ignoran las señales que indiquen o presagien peligros externos, les encanta correr riesgos y disfrutan del éxtasis que les produce el ser aventureros. Puntuaciones bajas en este factor (H-) son características de personas bajo el dominio de su sistema simpático. Estas personas tienden a reaccionar de manera exagerada a cualquier percepción de posible amenaza. Los H- se limitan a lo seguro, predecible y estable para evitar situaciones o estímulos que puedan alterar su delicada homeostasis interna.
El Factor I se utiliza para medir el predominio, ya sea de los sentimientos o del pensamiento racional, en la persona en su toma de decisiones al conducirse en su diario vivir. Los que obtienen puntuaciones altas (I+) funcionan bajo el dominio de sus sentimientos. Estas personas tienden a ser muy emotivas y de una sensibilidad extrema. Se les puede describir como distraídos, soñadores, intuitivos, impacientes, temperamentales y, por lo general, no son muy realistas. Los (I-) se rigen por su pensamiento racional, siendo muy prácticos y realistas. Estos individuos son independientes, responsables, escépticos y, en ocasiones, pueden resultar cínicos y rudos.
El Factor L explora la identidad social del individuo; específicamente mide en que grado la persona se siente identificado o unido a la raza humana en general. Los que puntean alto (L+) poseen unas fronteras personales tan marcadas que se desconectan del resto de la humanidad. Estas personas tienden a desconfiar de los demás, y se ha encontrado que su comportamiento tiende a ser paranoico. Por estas razones, las relaciones interpersonales de los L+ son generalmente problemáticas, deteriorándose por el exceso de celos, sospechas y el escepticismo de estos individuos. Las personas que obtienen bajas puntuaciones (L-) se caracterizan primordialmente por sentirse uno con los demás. Estas personas no se perciben como un mundo aparte, sino como parte de un mundo compuesto por toda la humanidad. Los L- son personas que confían en los demás, se adaptan fácilmente, se preocupan por sus compañeros, son abiertos, tolerantes y muy poco competitivos.
El Factor M se basa en que los humanos pueden percibir de dos modos. La primera manera de percibir se nutre del contacto directo entre los cinco sentidos y el ambiente. La otra forma se compone mayormente de un diseño interno de conexión subliminal de pensamientos y especulaciones que van organizando la información. Las personas con altas puntuaciones (M+) se caracterizan por una intensa vida interna. Estas personas van por el mundo sumergidas en sus pensamientos, distraídos e inatentos a lo que sucede a su alrededor. Son seres con una gran imaginación, muy creativos, poco convencionales e interesados sólo en la esencia de las cosas. Los que salen bajos (M-) responden al mundo externo en vez de al interno. Estas personas son muy realistas y prácticas; valoran lo concreto y lo obvio. En términos de creatividad, los M- poseen niveles muy bajos o inexistentes. En casos de emergencia, tienden a mantener la calma y son capaces de resolver la situación.
El Factor N está relacionado a las máscaras sociales; describe en que grado las personas se ocultan, mostrando sólo aquellos rasgos que generen las respuestas que desean obtener de los demás. Las personas que obtienen puntuaciones altas (N+) tienden a ser calculadoras, frías, refinadas, diplomáticas y muy conscientes socialmente. Los N+ se pueden describir como utilitaristas; usan sus destrezas sociales para relacionarse con personas a las que les puedan sacar provecho para realizar sus planes. Los que puntean bajo (N-) son personas genuinas, abiertas, directas y sinceras que no se esfuerzan por impresionar a otros. Estos individuos son muy espontáneos y auténticos; si quieren algo, lo piden sin incurrir en planes elaborados de interacciones humanas.
El Factor O explora la auto-estima de las personas en base a tendencias a experimentar culpa o inseguridades. Este factor no pretende categorizar a las personas entre altas y bajas auto-estimas ya que el nivel al momento de la prueba puede ser uno de carácter transitorio, influenciado por eventos recientes. Altas puntuaciones (O+) son obtenidas por personas cuya vida interna se rige por el sufrimiento.
Estas personas tienen expectativas personales muy altas, se preocupan demasiado, experimentan muchos sentimientos de culpa, son inseguros y no se sienten aceptados en situaciones grupales. Los que puntean bajo (O-) tienen una visión muy positiva de su persona, son seguros de sí mismos y no están propensos a experimentar culpa. Estas personas se sienten tan satisfechas con lo que son que, en ocasiones, tienden a ser insensibles hacia los sentimientos y necesidades de los demás, pues creen merecerlo todo.
El Factor Q1 explora la orientación psicológica hacia el cambio. Las personas que la prueba define como Q1+ están abiertas y dispuestas al cambio. Los Q1+ se sienten menos atados a su pasado que el resto de las personas, tienden a ser muy liberales y rechazan lo tradicional y convencional. Estos individuos son, por lo general, intelectuales y escépticos que se preocupan por estar bien informados y están menos inclinados a moralizar y más propensos a experimentar en la vida. Al otro lado del contínuo se encuentran los Q1-, muy conservadores y tradicionales. Estas personas aceptan lo establecido sin cuestionarlo, no les interesa el pensamiento intelectual o analítico y demuestran una marcada resistencia al cambio.
El Factor Q2 mide el grado de dependencia de la persona. Los que obtienen puntuaciones altas en este factor (Q2+) son individuos autosuficientes que acostumbran tomar decisiones sin preocuparse por las opiniones ajenas, prefieren estar solos la mayor parte del tiempo y hacen sus cosas sin pedir ayuda a los demás. Los que sí demuestran un alto grado de dependencia son los que obtienen puntuaciones bajas en este factor. Los Q2- demuestran una preferencia por estar en grupo la mayor parte del tiempo y toman sus decisiones en base a lo que piensan otros y lo que establece la sociedad, en vez de utilizar su propio juicio. Estas personas necesitan sentir que pertenecen a un grupo donde son aceptados y queridos.
El Factor Q3 explora los esfuerzos del individuo por mantener una congruencia entre su yo ideal y su yo real; moldeándose de acuerdo a patrones establecidos y aprobados por la sociedad. Las personas que obtienen puntuaciones altas (Q3+) se esfuerzan por igualar su conducta a la imagen ideal y socialmente aceptable que se han creado. Estas personas tienden a controlar sus emociones, son muy auto-conscientes, compulsivos y perfeccionistas. Por otro lado, los Q3- no se esfuerzan por controlarse y disciplinarse para lograr igualarse a los ideales de conducta, y no le dan importancia alguna a las reglas que establece la sociedad. Estas personas llevan una vida más relajada y menos estresante que la de los Q3+, pero tienden a ser menos exitosos y reconocidos.
El Factor Q4 mide las sensaciones desagradables que tienden a acompañar la excitación del sistema nervioso autónomo; comúnmente conocida como tensión nerviosa. Las personas que puntean alto (Q4+) experimentan niveles extremos de tensión nerviosa. Estos individuos padecen de una incomodidad subjetiva constante, son impacientes y se distinguen por su incapacidad para mantenerse inactivos. Se les describe además como frustrados, pues su conducta se interpreta como un exceso de impulsos que se expresan inadecuadamente. Al otro extremo del contínuo se encuentran los Q4-, quienes se caracterizan primordialmente por la ausencia de tensión nerviosa. Los Q4- llevan una existencia tranquila y relajada, regida por la calma, la paciencia y un alto grado de satisfacción que podría conducir a la vagancia y al conformismo.
Combinaciones de varios factores relacionados entre sí dan paso a lo que se conoce como los factores de segundo orden del 16PF. Para comprender la relevancia de los factores de segundo orden, es necesario considerar que los 16 factores básicos de la prueba, descritos en la sección anterior, están dirigidos a rasgos específicos de la personalidad. Esta especificidad repercute en que al analizarlos por separado se dificulte un poco el obtener de primera intención una clara visión general de la personalidad. Los factores de segundo orden proveen información para un entendimiento más amplio de la personalidad, pues la describen en base a una menor cantidad de rasgos más generales. Se recomienda que al realizar evaluaciones de perfiles de personalidad se observen primero estos factores de segundo orden para tener una idea o trasfondo que facilite el ir entrando en detalles y peculiaridades de la personalidad en cuestión.
Asesorar a las familias
Cuando hablamos de prevención, la intervención con la familia es básica porque la prevención desde casa evita muchas de las conductas de riesgo. Todos sabemos la importancia que tiene el entorno, el clima y los vínculos familiares en el desarrollo de las personas. En las charlas con padres, se los forma como agentes de prevención de las conductas de riesgo que pueden encontrarse sus hijos. Estas charlas están pensadas como acciones independientes y también pueden formar parte de un programa de prevención más amplio.
¿Por qué hacer prevención con familia?
Porque hay que potenciar a los padres como agentes preventivos. Porque se les tiene que reforzar todo aquello que hacen bien como padres y potenciarlo.
Porque la familia es el principal agente socializador de la persona. Porque podemos ayudarlos a saber como posicionarse delante de la conducta de riesgo.
Porque damos recursos para que los padres puedan acercarse a los hijos desde la comprensión.
Objetivos de las charlas:
• Aprender cómo potenciar los factores protectores en sus hijos. • Desarrollar la empatía para poder acercarse a su realidad. • Crear un espacio de reflexión, en el que se favorezca el autoconocimiento como padre y el intercambio con los demás. • Potenciar las habilidades sociales; saber como y cuando poner límites y ser asertivo. • Recibir toda la información que les pueda ser útil para prevenir conductas de riesgo. • Poner en práctica estrategias para afrontar situaciones reales con las que se pueden encontrar.
Charlas que proponemos:
• Comer o no comer... ¡esta no es la cuestión! Prevención de trastornos alimentarios.
• ¿Sabrá decir que NO? Prevención de consumo de sustancias.
• El otro lado de la cama Como hablar con los hijos de afectividad y sexualidad.
• Game over Prevención de nuevas adicciones: internet, móvil, videojuegos...
• La violencia invisible. Prevención de la violencia.
• Hazle más fuerte! Como potenciar en tu hijo factores protectores.
• ¡No hay quien lo entienda! La adolescencia: una etapa más
• ¿Hablamos? La comunicación entre padres e hijos.
• Ser padres + ser pareja. Como hacerlo compatible.
• ¿Permitir o prohibir? Los estilos educativos parentales.
• Celos, peleas y conflictos entre hermanos. Cuando educar a los hijos es en plural.
• ¡No aprueba y no sé que hacer! Fracaso escolar: causas y como afrontarlo desde casa.
Formación y Asesoramiento a Profesores
Formar y asesorar en la escuela quiere decir formar y asesorar a los alumnos, pero no olvidemos el papel fundamental de los profesores, porque pueden ser un agente preventivo de primer orden. La repercusión de una formación con profesores se multiplica, porque beneficia en primer lugar a sus alumnos, a sus familias y mejora la formación del profesor como educador.
Esta intervención esta pensada como una acción independiente y también puede formar parte de un programa de prevención más amplio donde también se intervenga con los jóvenes y las familias.
.Porque hacer formación con los profesores?
.Objetivo de las sesiones
.Temas que proponemos
¿Por qué hacer prevención con los profesores?
Porque si aprenden a reconocer todo lo que ya les esta funcionando como agentes preventivos podrán continuar y mejorar esta tarea.
Porque como educadores pueden trasmitir habilidades, actitudes y valores a los jóvenes.
Porque pasan mucho tiempo con los alumnos y muchas veces el profesor es el primer recurso que los jóvenes utilizan para pedir ayuda o consejo.
Porque los chicos experimentan en el colegio muchas situaciones nuevas y los profesores son observadores de primera línea y tienen la oportunidad de intervenir.
Porque la escuela después de la familia es el principal agente socializador de la persona.
Objetivos de las sesiones
• Desarrollar la empatía para poder acercarse a la realidad de los alumnos.
• Crear un espacio de reflexión donde se favorezca el autoconocimiento como profesor y el intercambio con los demás.
• Conocer estrategias de comunicación con la familia para trabajar conjuntamente delante de una conducta de riesgo.
• Aprender a potenciar los factores protectores en sus alumnos.
• Asesorar y recibir toda aquella información necesaria para saber detectar y afrontar las conductas de riesgo que pueden acabar generando un trastorno psicológico.
Metodología y organización
La duración de las sesiones es de una hora y media, aunque se puede ampliar según el tema a tratar.
Proponemos que haya los siguientes espacios:
• Exposición del tema que nos ocupa, mediante transparencias o presentaciones en Power-point.
• Trabajo o reflexión en grupos, ejercicios más vivenciales o otras dinámicas de grupo (debate, casos prácticos, role-playing,...) relacionadas con algún aspecto más práctico del programa.
• Espacio de dudas, preguntas, comentarios, intercambio de experiencias, ...
Recomendamos un máximo de 15 asistentes para poder cumplir con los objetivos. Es también aconsejable que los profesores se agrupen en función de las edades de los alumnos, para hacer la formación más específica.
Temas que proponemos
• La adolescencia: estrategias de motivación
• Como superar el desgaste de los profesores
• Dinámicas de grupo: herramientas y recursos para mejorar el funcionamiento de un grupo
• Estrategias de comunicación para diferentes tipos de familia
• Cómo trabajar la agresividad en el aula desde la perspectiva emocional
• Bandas urbanas violentas: conocer para prevenir
• Cómo potenciar en tus alumnos factores protectores para prevenir conductas de riesgo
• Violencia en silencio. como pueden intervenir los profesores
• ¿algún voluntario? Como potenciar la motivación de los alumnos
¿Qué son los factores protectores?
Hay una serie de factores individuales, familiares y sociales que aumentan la probabilidad de que aparezcan conductas de riesgo, los llamados Factores de Riesgo. Y otros que disminuyen la posibilidad de desarrollarlas, haciendo a la persona más resistente, los llamados Factores Protectores. Prevenir, por lo tanto, consiste en disminuir los factores de riesgo y, sobretodo, en potenciar los factores protectores para reforzar a la persona, es decir, hacerla menos vulnerable a las situaciones difíciles con las que se puede encontrar a lo largo de su vida.
Los factores protectores son:
La autonomía se refiere a la capacidad para gestionar la propia vida: ser capaz de tomar las decisiones que tienen que ver con uno mismo, sin depender de otras personas y hacerse responsable de las consecuencias de los propios actos. Es un aprendizaje que se hace progresivamente, y que va relacionado con el proceso de independización de los adultos. En cada nivel evolutivo, el grado de autonomía que hay que asumir será diferente.
La autoestima es el valor personal, la competencia que cada individuo se da. Es la evaluación que la persona realiza de sí misma en conjunto, por lo que tiene en cuenta diferentes aspectos: imagen física, capacidad intelectual, éxito laboral, relaciones sociales, etc. Para que uno mantenga la estabilidad emocional y personal, es necesario que su autoestima sea positiva y realista. Esto implica aceptar el valor propio, las limitaciones personales, y que el resultado de esta evaluación sea satisfactorio.
La autoestima se establece básicamente por comparación mediante criterios externos e internos. Las experiencias vividas a lo largo de la vida y la valoración que hacemos de ellas, son también un pilar fundamental para la construcción de la autoestima.
La seguridad en uno mismo se basa en la autoconfianza, una buena autoestima y el sentimiento de auto eficacia. Es decir, uno se siente seguro cuando piensa que es capaz de hacer las cosas bien, tiene confianza en sus capacidades, se valora y se quiere.
La capacidad crítica permite valorar las situaciones, analizando sus partes y razonando los pro y los contras. En este sentido, la persona con capacidad crítica no asimila ni acepta pasivamente lo que se le propone, sino que es capaz de poner distancia para analizar las situaciones, valorar los diferentes aspectos y tomar decisiones por sí misma con criterio propio.
La tolerancia a la frustración se refiere a la capacidad para aceptar los fracasos y los propios límites. El hecho de ser persona supone aceptar las condiciones propias del ser humano; esto incluye aceptar cosas que no nos gustan de nosotros mismos y de nuestro entorno, y situaciones en las que no podemos conseguir lo que queremos. Todo ello nos puede provocar sentimientos de frustración y rabia interna, que el individuo debe aprender a aceptar y tolerar.
Aceptar la diversidad y las diferencias supone respetar una serie de valores como pueden ser: que todos tenemos los mismos derechos, la no-discriminación por razones de sexo, etnia, religión o ideas políticas y, al mismo tiempo, que las diferencias entre las personas pueden ser enriquecedoras. Esto quiere decir también que no todos tenemos las mismas preferencias, ni las mismas capacidades y habilidades y, sobretodo, que no las debemos tener.
Adquirir hábitos y actitudes saludables supone que la persona debe desarrollar formas de comportarse y de actuar sanas y adaptativas, que la ayuden a interactuar con su entorno de forma positiva. También las actitudes que adoptamos delante de la vida pueden hacerla más o menos fácil: una actitud despierta, con predisposición para aprender y conocer cosas nuevas, hará que se vivan las situaciones de forma enriquecedora.
La capacidad de tomar decisiones hace referencia a la habilidad para valorar las situaciones de forma analítica y razonada, lo que nos permite que la persona pueda decidir con seguridad. La capacidad de resolución de conflictos va relacionada con la capacidad para tomar decisiones. En la medida que la persona sea capaz de evaluar las situaciones importantes de su vida, podrá afrontar con éxito los conflictos que se le planteen. Según el conflicto a resolver, pueden estar implicadas otras habilidades personales y sociales.
Tener sentido de la responsabilidad significa saber aceptar las consecuencias de las propias acciones. Entendemos la responsabilidad en un sentido amplio: ayudando al joven a ser capaz de aceptar sus obligaciones, de tomar decisiones importantes sobre su vida y sin buscar excusas para no afrontar directamente sus problemas.
Las habilidades sociales son un conjunto de estrategias que se van incorporando durante el proceso de aprendizaje y que permiten relacionarse con los otros de forma positiva. Algunas de estas habilidades son: la capacidad para iniciar y mantener una conversación, saber defender los propios criterios, decir que "no" cuando uno lo cree necesario (asertividad), saber pedir favores, saber comunicarse con personas del otro sexo, etc.
Un estilo educativo consistente supone educar con unos límites claros, con coherencia entre las pautas educativas, y las sanciones y premios, para que el joven pueda adquirir un sentido claro de lo que está bien y de lo que no.
La diversificación de intereses implica aprender diferentes formas de divertirse, encontrar actividades que te motiven e interesen. Es recomendable diversificar en lugar de focalizarse sólo en una actividad: si la persona encuentra diferentes vías para realizarse o dar salida a su personalidad, esto le enriquecerá, y contará con un punto más de apoyo.
Disponer de una red social de apoyo y de vínculos emocionales fuertes con instituciones socializadoras es también muy importante. Todos necesitamos sentir que pertenecemos a determinados grupos y tener personas con las que nos sintamos bien, con quien poder hablar y compartir nuestras dificultades y éxitos. Por eso hay que promocionar que el joven establezca vínculos con personas de su entorno (amigos, profesores, compañeros, etc.), así como favorecer su implicación personal con instituciones socializadoras (escuela, clubes deportivos,).
Nuestra filosofía de formación
En positivo: hacer prevención no es sólo prohibir, castigar o decir que no, es sobretodo decir que sí a pasárselo bien de forma sana, a conocerse y quererse a uno mismo, a decidir responsablemente, a buscar alternativas a los problemas,...
Reflexión: Para que un joven afronte con éxito situaciones de riesgo necesita tener un criterio propio a partir del cual pueda decidir libremente. Lo conseguimos haciéndole pensar, ayudándole a desarrollar sus argumentos y pidiéndole que exprese su opinión.
Participación y diálogo: Partimos de sus inquietudes, preguntas, dudas y curiosidad. Por eso es importante crear un espacio donde se pueda participar, dialogar, debatir y llegar a conclusiones nuevas. Además, cuanto más implicados y identificados se sientan con el tema, más eficaz será la prevención.
Realista: Sólo partiendo de la realidad podemos desmontar mitos, cuestionar creencias y construir una respuesta positiva a lo que seguramente tarde o temprano se encontrarán. Sólo desde aquí es posible el cambio.
Reforzar a la persona: Aquí está la clave del éxito. La fórmula es potenciar todos aquellos factores que hacen a la persona más fuerte (Factores Protectores) y reducir todos aquellos factores que bloquean, limitan o debilitan a la persona (Factores de Riesgo).
Entre todos: Cuantas más personas estén implicadas en la prevención, más efectiva será. Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad y siempre podemos aportar algo más a los jóvenes.
Desde pequeños: ¿Cuándo hay que empezar? -nos preguntan a menudo- La respuesta siempre es la misma: ¡Ya! Sea el momento que sea. Hay que empezar antes de que aparezca la conducta de riesgo, pero si ya ha aparecido, también hay cosas que se pueden hacer, y no se termina nunca.
Vivencial: Cuando probamos nuevas experiencias por nosotros mismos, es cuando las incorporamos como alternativa de respuesta. La teoría nos puede ayudar, pero si tenemos la oportunidad de ensayar estas experiencias en un entorno seguro, como puede ser un taller, generamos estrategias para que el joven pueda enfrentarse a la situación de riesgo con más recursos.
Práctica: Se trata de dar las herramientas a la persona para que cuando las necesite, las pueda utilizar con éxito. Está claro que con la información no basta, no nos podemos quedar solo en el Qué, hay que llegar al Cómo.
Divertida: Para conseguir cambios, nuestra intervención tiene que ser una experiencia positiva para la persona, alejándonos del típico rollo o sermón moralista, siendo diferentes, cercanos, hablando en su lenguaje,...
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